Las castañas se convierten en objeto de robos en Galicia

Es una invitación de otoño: caminar entre fragas pobladas de robles y castaños para encontrarse regalos como éste: las castañas. Durante siglos,  estos frutos paliaron el hambre en el rural gallego. Hoy están valoradas casi como joyas. Parecen todas iguales, pero no lo son. Sólo los productores más avezados consiguen distinguir hasta las variedades que crecen en Galicia. Al tentador precio de un euro y sesenta céntimos por kilo en esta temporada, las sabrosas castañas se han convertido además en objetivo de los amigos de los ajeno, pero es difícil poner puertas a un bosque que ha crecido sin cuidados.

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